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Formules chimiques du NR et du NMN écrites sur une paroi vitrée de laboratoire

Estilo de vida10 min de lectura

NR o NMN: el precursor del NAD+ que lleva diez años de ventaja

Ambas moléculas prometen lo mismo: hacer subir el NAD+. Pero una empezó sus ensayos en humanos en 2016, mientras la otra estaba todavía, en 2020, en su primer ensayo con diez personas. Esto es lo que la ciencia, y la ley, saben realmente de cada una.

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En 1906, dos bioquímicos ingleses, Arthur Harden y William Young, estudiaban la fermentación de la levadura de cerveza cuando aislaron un compuesto al que llamaron «cozimasa». Pasarían décadas antes de que la bioquímica comprendiera en qué se convertiría esa sustancia: el NAD+, nicotinamida adenina dinucleótido, una molécula hoy conocida por intervenir en más de 500 reacciones biológicas, desde la producción de energía celular hasta la reparación del ADN. El problema, documentado desde la década de 2000, es que su nivel disminuye con la edad. La solución más estudiada consiste en aportar al cuerpo uno de sus precursores directos, una molécula que las células saben transformar en NAD+. Dos candidatas dominan el terreno: la nicotinamida ribósido (NR) y la nicotinamida mononucleótido (NMN). Son estructuralmente casi idénticas: la NMN es, en esencia, NR con un grupo fosfato de más. Pero «casi idénticas» sobre el papel no significa equivalentes en la práctica. Esto es lo que diez años de investigación, comparados molécula por molécula, permiten afirmar realmente.

2016Primer estudio en humanos sobre la NR
2020Primer estudio en humanos sobre la NMN
6 añosde diferencia entre los dos marcos regulatorios europeos

Dos rutas hacia el mismo destino

El NAD+ no puede tomarse directamente: la molécula es demasiado grande y está demasiado cargada eléctricamente como para atravesar intacta la pared intestinal. El cuerpo tiene que reconstruirla él mismo, a partir de precursores más pequeños. La NR y la NMN son dos etapas consecutivas de esa misma cadena de fabricación, situadas justo antes de la meta: NR → NMN → NAD+. Tomar una u otra equivale, en teoría, a entrar en la cadena de montaje por dos estaciones distintas, separadas por un solo paso.

Sobre el papel, el argumento a favor de la NMN parece incontestable: está más cerca del producto final, así que debería requerir menos pasos de conversión. Es el argumento comercial más repetido de la última década. Resulta ser bastante más frágil de lo que parece, como muestra el siguiente apartado.

¿Hacen las dos que suba de verdad el NAD+? ¿Y a qué dosis?

Antes de seguir, respondamos a la pregunta más directa: ¿cumplen ambas moléculas su promesa básica? Sí, las dos. Pero la respuesta completa se resume en una palabra: la dosis. Una cifra espectacular, sacada de su contexto de dosificación, no significa nada, y ese es precisamente el error que cometen muchos artículos sobre este tema.

Para la NR, el primerísimo estudio en humanos probó, en un mismo ensayo, tres dosis únicas: 100, 300 y 1.000 mg (Trammell et al., 2016). Resultado: el aumento del NAD+ en sangre es directamente proporcional a la dosis; cuanto más alta es la dosis, más marcado es el efecto. Los aumentos más espectaculares descritos en la literatura proceden de las dosis más altas probadas, al igual que los ensayos de administración crónica que confirmaron y prolongaron ese efecto: seis semanas a 1.000 mg diarios en adultos de mediana edad y mayores (Martens et al., 2018), tres semanas a 1.000 mg diarios en el músculo esquelético de hombres mayores (Elhassan et al., Cell Reports, 2019). A 300 mg diarios —la dosis que se encuentra en una fórmula de micronutrición diaria como la nuestra—, el efecto es real y dependiente de la dosis, pero más moderado que las cifras obtenidas con una dosis tres veces superior. Es un punto de rigor esencial: comparar una dosis diaria de 300 mg con resultados obtenidos a 1.000 mg equivaldría a comparar cosas distintas.

Para la NMN, el ensayo de referencia probó 250 mg diarios durante doce semanas y midió un aumento de 2,57 veces el NAD+ en sangre total (Igarashi et al., npj Aging, 2022), una dosis, esta vez, cercana a la que se utiliza para la NR en las fórmulas habituales. Conviene señalar un matiz: en el ensayo de referencia en mujeres posmenopáusicas con prediabetes, también a 250 mg diarios, la NMN hizo subir el NAD+ en las células sanguíneas, pero no en el propio músculo esquelético, aun cuando la sensibilidad a la insulina mejoraba (Yoshino et al., Science, 2021). Un recordatorio útil: que suba el NAD+ en sangre y que suba el NAD+ en los tejidos no es siempre lo mismo, para ninguna de las dos moléculas.

La verdadera enseñanza de este apartado no es, por tanto, «la NR funciona mejor» o «la NMN funciona mejor» solo con este criterio. Es que la dosis lo cambia todo, y que una comparación honesta debe hacerse dosis por dosis, nunca cifra contra cifra sacada de contexto. Lo que sí puede afirmarse sin esa salvedad tiene que ver con otra cosa: desde cuándo se estudia cada molécula, en cuántas personas y condiciones distintas, y bajo qué marco legal.

Diez años de diferencia, no un detalle

¿Lo sabía? El primerísimo estudio en humanos sobre la NR se publicó en 2016. El equipo de Samuel Trammell, en la Universidad de Iowa, probó tres dosis orales (100, 300 y 1.000 mg) y observó un aumento del NAD+ en sangre dependiente de la dosis (Trammell et al., Nat Commun, 2016). Dos años después, en 2018, un equipo de la Universidad de Colorado publicó el primer ensayo de suplementación crónica: seis semanas de NR, a doble ciego frente a placebo, en adultos sanos de mediana edad y mayores, bien tolerada, con una elevación confirmada del NAD+ (Martens et al., Nat Commun, 2018). Desde entonces, la NR se ha probado en ensayos sobre arteriopatía periférica (Nat Commun, 2024) y, a dosis altas, sobre la enfermedad de Parkinson (ensayo NR-SAFE, Nat Commun, 2023): casi una década de ensayos clínicos publicados, sobre poblaciones y duraciones variadas.

El primer estudio en humanos sobre la NMN, en cambio, data de 2020. Se realizó en diez hombres japoneses sanos, a quienes se administró una dosis única (100, 250 o 500 mg), con un seguimiento de cinco horas (Irie et al., Endocr J, 2020). Cuatro años de diferencia respecto al primer estudio de la NR, por tanto, y un protocolo de partida notablemente más limitado: una sola toma, una muestra muy pequeña, unas pocas horas de observación, cuando la NR ya había probado varias dosis desde el principio y, desde 2018, una suplementación prolongada. Desde 2020, los ensayos sobre la NMN se han multiplicado, en particular en Japón y China, pero el conjunto de evidencia sigue siendo, a día de hoy, notablemente más joven y menos diverso que el de la NR.

Un camino que la ciencia conoce, otro todavía debatido

He aquí el punto menos conocido por el gran público, y sin embargo el más revelador. Para entrar en una célula, la NR utiliza puertas bien identificadas: transportadores de nucleósidos llamados ENT1, ENT2 y ENT4, descritos y confirmados por varios equipos independientes. Este mecanismo no es objeto de controversia en la literatura.

Para la NMN, la historia es distinta. En 2019, un equipo propuso la existencia de un transportador dedicado, llamado Slc12a8, capaz de introducir la NMN directamente en la célula sin pasar por la NR (Kim et al., Nat Metab, 2019). Ese mismo año, otro equipo publicó una respuesta titulada, sin rodeos, «Ausencia de pruebas de que Slc12a8 codifique un transportador de nicotinamida mononucleótido», concluyendo que las pruebas genéticas, farmacológicas y cinéticas disponibles indican, al contrario, que la NMN extracelular se desfosforila primero en NR, mediante una enzima llamada CD73, antes de poder entrar en la célula (Grozio et al., Nat Metab, 2019). Los autores del estudio inicial respondieron, manteniendo su posición mediante trazado isotópico. El debate, a día de hoy, no está resuelto en la literatura.

Dicho de otro modo: una parte importante de la comunidad científica considera que la NMN debe, al menos en parte, retransformarse en NR antes incluso de alcanzar el interior de la célula. Si esta hipótesis es correcta, la NR no sería solo una alternativa a la NMN, sino el intermediario obligado por el que la propia NMN tendría que pasar.

Lo que dice la ley, hoy

Más allá del mecanismo, existe un hecho más fácil de comprobar: el estatus regulatorio. En Europa, el cloruro de nicotinamida ribósido está autorizado como nuevo alimento desde 2020 (Reglamento de Ejecución (UE) 2020/16), tras una evaluación completa de su seguridad y biodisponibilidad por parte de la Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria (EFSA). Esa autorización se amplió después, en 2022, a nuevas categorías de uso, hasta 300 mg diarios para la población general y 500 mg diarios en ciertos productos nutricionales regulados (Reglamento de Ejecución (UE) 2022/1160).

La NMN, por su parte, sigue sin estar autorizada, a día de hoy, como nuevo alimento en la Unión Europea. La EFSA publicó en mayo de 2026 un dictamen científico favorable sobre su seguridad, un paso necesario, pero que no equivale a una autorización: es un dictamen, no una luz verde comercial. La comercialización requiere después un acto de ejecución de la Comisión Europea, tras la consulta a los Estados miembros, que no se había publicado todavía en el momento de redactar este artículo. Seis años separan, por tanto, a día de hoy, la entrada en vigor del marco legal de la NR del de la NMN, todavía incompleto.

Lo que aconseja la prudencia científica

Sería deshonesto concluir que la NMN es peligrosa: los estudios disponibles, incluido el de 2020, no han reportado ninguna señal de seguridad preocupante, y la investigación sobre esta molécula avanza cada año. El diagnóstico no es «eficaz contra ineficaz» ni «segura contra peligrosa». Es más preciso, y más útil: por un lado, una molécula con diez años de recorrido humano publicado, un mecanismo de entrada celular establecido y un marco regulatorio europeo completo desde hace seis años. Por otro, una molécula prometedora, pero cuyo historial clínico sigue siendo joven, cuya vía de entrada en la célula todavía se debate en la literatura, y cuyo estatus legal en Europa sigue, a día de hoy, pendiente.

Para una suplementación pensada a largo plazo —un gesto diario, no un ensayo puntual—, esta diferencia de recorrido no es un detalle cosmético. Es exactamente el tipo de brecha que una formulación rigurosa no puede pasar por alto.

Lo que conviene recordar

La NR y la NMN persiguen el mismo objetivo: sostener el pool de NAD+, esa molécula con la que Harden y Young se cruzaron sin saberlo hace más de un siglo, y cuya importancia la biología del envejecimiento no ha dejado de precisar desde entonces. Pero perseguir el mismo objetivo no significa partir del mismo punto. La NR cuenta con una década de ensayos clínicos publicados, un mecanismo celular indiscutido y un marco legal europeo estable desde 2020. La NMN avanza, pero su evaluación sigue, a día de hoy, en curso, tanto en la literatura científica como en el Diario Oficial de la Unión Europea. No es una opinión: es lo que muestran, por sí solas, las fechas, los protocolos de los ensayos y los textos reglamentarios, puestos uno junto a otro.

Referencias: Trammell et al., Nat Commun, 2016 · Martens et al., Nat Commun, 2018 · Elhassan et al., Cell Reports, 2019 · Irie et al., Endocr J, 2020 · Yoshino et al., Science, 2021 · Igarashi et al., npj Aging, 2022 · Kim et al., Nat Metab, 2019 · Grozio et al., Nat Metab, 2019 · Berven et al. (NR-SAFE), Nat Commun, 2023 · Ensayo NICE (arteriopatía periférica), Nat Commun, 2024 · Reglamento de Ejecución (UE) 2020/16 · Reglamento de Ejecución (UE) 2022/1160 · EFSA Journal, dictamen sobre la β-NMN, 2026

Este artículo se publica con fines informativos y educativos. No constituye asesoramiento médico ni sustituye la consulta con un profesional sanitario.

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